En mi mundo, el día es oscuro; sin luna ni estrellas. La noche es brillante y plena de soles que, aun así, envidian la luz que tú me traes.
Quiero oír tu voz. Quiero oírla hasta el amanecer. Quiero que su sonido roce mis tímpanos y alivie el dolor de mi piel no rozada por tu piel.
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