Día 1: Cenas mundialistas
Eramos siempre los mismos a cenar: Iker Casillas, Sergio Ramos y yo. Cuando acabábamos, siempre jugábamos al scrabble y Sergio se enfadaba porque no se le ocurría ninguna palabra, y las pocas que se le ocurrían tenían errores de ortografía y no se las admitíamos. He de decir que a Iker le pasaba un poco lo mismo, pero yo no decía nada, porque me caía mejor y le aceptaba todas las palabras siempre y cuando no pusiera en peligro mi sempiterna victoria...Aquella noche, tuvimos una invitada especial. Se trataba, ya lo habrán adivinado, de Sara Carbonero Parrondo, la bellísima novia de Iker, presentadora de televisión en programas deportivos, y sobrina de Artemiano Parrondo, propietario en los años cincuenta y sesenta de una carbonería en la calle Antonio Arias de Madrid.
No vamos a hablar hoy acerca de Sara, ni de Sergio ni de Iker, sino de Artemiano Parrondo, el carbonero.
Día 2: Zalamea la Real
Artemiano Parrondo nació en Zalamea la Real, provincia de Huelva. Su padre, Eufemiano Parrondo, se dedicaba al noble y españolísimo arte de no hacer nada, puesto que tenía una lesión en la espalda desde los quince años, consecuencia de una caída cuando estaba subido en una encina intentando ver a las chicas del pueblo bañarse en la poza negra. La lesión le mantuvo casi paralítico durante toda su vida, o eso aparentaba él, pero no le impidió entablar relaciones con Manuela Espejo, una mujer paciente y guapa, conocida en el pueblo porque una vez, cuando tenía dieciocho años, pegó un estacazo a un burro y lo mató.
Manuela era rubia y poquita cosa, pero nadie en el pueblo osaba tomarla a chanza, y menos aun después del incidente con el burro.
Manuela era rubia y poquita cosa, pero nadie en el pueblo osaba tomarla a chanza, y menos aun después del incidente con el burro.
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