Desde que recuerda,
siempre encontró refugio en el árbol cercano a su casa. Allí, encaramada en sus
ramas, se sintió libre y feliz. Imaginó cómo sería el mundo más allá del
horizonte y sintió paz y seguridad.
Un terrible día de
tormenta, un fugitivo, perseguido por robar unos caballos, es alcanzado por un
grupo de hombres armados dispuestos a darle su merecido. Después de un juicio
sumarísimo deciden colgarlo del árbol amigo de la niña. Esta colige que su
futuro no será el mismo si deja que un hombre muera colgado de él y se presenta
frente al grupo haciéndoselo saber. Los hombres se ríen de ella y la apartan
bruscamente mientras maniatan y pasan una soga alrededor del cuello del
prisionero. La niña llora desconsolada y decide pasar a la acción. Invoca a la
tormenta que viene y ésta, respondiendo a sus súplicas, descarga un rayo
fulminante sobre el árbol y los hombres. Todos quedan carbonizados. El árbol no
se ha salvado pero su inocencia se ha mantenido intacta.