sábado, 17 de agosto de 2013

El collar roto


Las mujeres se miran y se sonríen tímidamente. Una de ellas muestra a la otra un precioso collar de esmeraldas. Sabe que la otra se volverá loca de envidia, pero que por eso mismo la amará. Se lo ofrece a su compañera mientras sonríe abiertamente. Durante unos segundos las dos mujeres se creen una sola mujer con un solo dueño. Las esmeraldas rebotan por el suelo después de que el hilo que las une haya sido arrancado violentamente. Algunas se tiñen de sangre.

La pendiente


Algunos años después prácticamente no queda nada a qué agarrarse. Hemos estado viviendo, resbalando por la pendiente, creyendo que no caíamos o tal vez confiando en que no caíamos.