martes, 15 de enero de 2013

Ana Van Hetzel


Doscientos años han pasado desde aquellos días en que Ana Van Hetzel cayó en la cuenta de su inferioridad intelectual frente a su cocinera negra y previó un futuro lleno de adversidades y desventuras. No reveló a su marido sino pequeños detalles de su descubrimiento. Los oscuros e inmensos ojos de la sirvienta estrechaban su cerco sobre ella. Una mañana, Ana descargó toda su furia sobre la mujer en forma de terribles estacazos sobre su cuerpo moreno. Cuando el señor Van Hetzel apareció en la cocina al oír los gritos y los golpes, la criada yacía moribunda en medio de un charco de sangre tan negra como su piel, y simplemente pensó que la Humanidad siempre había dado su merecido a los que se pasaban de listos.

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